Sin nombre y sin memoria
Instalación
En el Sudeste Asiático, y en otros lugares de la tierra, existen comunidades de luciérnagas que emiten luz pulsar al unísono. Pequeños grandes flashes de luz sincronizada.
Al observarlos se descubrió que aquellos minúsculos e insignificantes bichitos eran capaces, por emisión y captación de infrarrojos, de sincronizar sus ritmos para emitir conjuntamente y así, cooperando, atraer a las hembras más lejanas.Así es Luci, una escultura pequeña, una “maquinita” hecha de cinco emisores de luz y sonido con el dispositivo adecuado para simular electronicamente el comportamiento de una colonia de luciérnagas. José Manuel Berenguer la diseñó en 1994 y ha dado lugar a la instalación actual “Sin nombre y sin memoria”.
Durante el día, o en presencia de otra fuente luminosa independiente de la comunidad, como una bombilla, los sujetos de la comunidad Luci se comportan de manera individual y desordenada. Pero si desaparecen las interferencias exteriores, los lucis se van ordenando poco a poco, hasta pulsar sincronizadamente. En el proceso, del caos total al orden, Luci pasa por toda clase de presincronizaciones, momentos limítrofes con un ritmo, hermosísimas improvisaciones percusivas que pueden verse en forma de pulsaciones luminosas y oírse gracias a sus pequeños altavoces. En esos momentos Luci es casi música, casi lenguaje, casi animal. Hasta que finalmente llega a un orden mortal, aburrido, irritante. Una especie de sueño eterno del que sólo puede despertarla un beso, como en los cuentos.
En “Sin nombre y sin memoria” el fenómeno Luci ha sido tratado como programa para ser emitido por proyectores y para funcionar en el espacio según el comportamiento del visitante. En palabras de José Manuel Berenguer,
“Sin nombre y sin memoria no plantea verdades ni falsedades. Ni tan sólo las evoca. Se trata de un intento de construcción de realidades, de cosas que quiero que existan, sean materiales o inmateriales. No me importa que se las entienda, ya que el primero en no entenderlas soy yo. No están para ser entendidas. Sólo están para ser. Esas cosas son seres extraordinariamente rudimentarios que muestran comportamientos comparablemente primitivos, emergentes, previsibles o imprevisibles. Se basan en mecanismos de realimentación, que se aplican a sus apariencias visuales y sonoras y constituyen la base funcional de su minúscula capacidad de rememorar. En todos he programado algoritmos que unas veces los implementan internamente para regular su comportamiento y otras contribuyen a generarlos aprovechando las posibles informaciones externas que les proporcionan los sonidos y las posiciones de los visitantes. No siempre es fácil apreciar si su comportamiento depende de lo interno o de lo externo, si son arbitrariamente libres o si están condicionados en algún grado por algo distinto de sí mismos. No siempre son comprensibles. Nunca se entienden totalmente, pero más arduo aún es saber si a uno se le entiende ¿Cómo saber si lo que tienes delante te entiende? ¿Es su comportamiento síntoma de que formas parte de sus fantasías? ¿Tiene fantasías? ¿Cómo saber si eso que tienes delante y no sabes si te entiende o no es o no es un ser? Sólo puedes creerlo. Que lo es o que no lo es, que te entiende o que no. Todo depende de lo que esperas que sea un ser, sea lo que sea.”